CASA RURAL Caballero de Castilla

En los tiempos modernos casi nadie se preocupa de dialogar sobre la vida cotidiana, cada uno en sus asuntos está abalado por la 

norma general y no requiere pactar los linderos, ni marcar las fechas en torno al calendario para realizar las faenas agrícolas y 

pastoriles, ni señalar las mínimas normas para transformar la convivencia en algo más humano, ordenado y grato... 

 

Antaño, en Santiuste de Coca, como en tantos otros de Castilla, todo ello era imprescindible. Por este motivo, para que reverbere la 

conciencia de la memoria, en la presente vamos a proyectar nuestra mirada hacia la vida rural en Santiuste de Coca y en la 

comunidad de  la Villa  de Coca en la edad media especialmente en la época entorno al siglo XV.

Después de ser conquistada a los musulmanes, esta zona se repuebla bajo el reinado de Alfonso VI y surgen, bajo este impulso 

demográfico, Santiuste de coca y todas las aldeas cercanas a coca. Coca se encargará de organizar jurídica, administrativa y 

militarmente el territorio circundante surgiendo a finales el siglo XI la Comunidad de Coca.

 

En el siglo XIII estaba formada por 17 poblaciones y cerca de 300 Kilómetros cuadrados, siendo Coca la capital del Concejo, 

depositario del poder real, y quedando las aldeas supeditadas a su autoridad. No se conoce el fuero real otorgado. La mayor parte 

de la tierra pertenecía a este Concejo.

El origen y redacción de las Ordenanzas del consejo para su aplicación en las villas castellanas hay que buscarlo en los primeros 

fueros otorgados por el rey, desde el siglo XI, tanto a ciudades como a villas que sirvieron para su gobierno y administración. Las 

carencias de estos fueros obligó a los regidores o a los Concejos de las áreas rurales castellanas a ir ampliando sus contenidos con 

nuevos ordenamientos que llenaran los vacíos de los primitivos fueros. 

En la Corona de Castilla, tras la redacción y aprobación de las primeras Ordenanzas, éstas se iban modificando y cuyos contenidos 

serían un fiel reflejo de costumbres de mucho antes, pues, como suele suceder, la fecha de los documentos siempre es posterior a lo

que desde antiguo se tenía por costumbre. Las Ordenanzas regulaban la vida económica y la organización del trabajo campesino y 

el cuidado y defensa de los cultivos cerealísticos, vitícolas y hortícolas. 

En las villas castellanas, desde el siglo XI se había ido generalizando el término señor, bajo esta palabra se cobija un único 

concepto: dominio sobre , que se manifiesta en plurales facetas; el señor representa a la persona que dotada de un poder lo ejerce 

sobre tierras y, muy especialmente, sobre personas. Desde finales del siglo mencionado los campesinos de esta parte de castilla se 

encuentran bajo uno de los siguientes marcos jurídicos: realengo, abadengo, solariego y behetría, según dependan jurídicamente, 

ellos y sus heredades, del monarca, de un abad o de un señor, respectivamente; en la behetría el campesino puede elegir libremente

señor. De este modo, cada señor se aseguraba la defensa de sus propiedades para conseguir los beneficios de los campesinos que

cultivaban sus tierras.

El estatuto jurídico de Santiuste de Coca está bajo el poder del señor de la Villa de Coca con jurisdicción, en nuestro caso, bajo las 

leyes de la Comunidad de la Villa y Tierra de Coca, a cuyo Señor le corresponden los derechos económicos derivados de su dominio

sobre esta localidad. La aldea de Santiuste de Coca surge de la repoblación realizada por Alfonso VI una vez conquistada estas 

tierras a los musulmanes é integrada en el Señorío de Coca.

Las Ordenanzas del ámbito rural se redactaron por iniciativa tanto comunal como del señor con el fin de regular los diferentes 

aspectos de la vida agraria y del gobierno local. Quien tenía el poder para redactar y aprobar las Ordenanzas era el rey o el Concejo,

salvo, y es el caso que nos ocupa respecto a Santiuste de Coca, en los lugares de jurisdicción señorial, que era necesaria la 

confirmación del señor para que las Ordenanzas entraran en vigor. La presencia del señor sobre todo documento que regulara la 

vida de Santiuste de Coca como cualquier otra aldea o villa de su jurisdicción quedaba reflejado en los documentos donde se 

describen las Ordenanzas del Consejo.

Pero a pesar del aparente democratismo en la elección de los cargos y renovación del Concejo que reflejan los textos de las 

Ordenanzas, en el caso concreto de la Villa de Coca que nos ocupa en este caso, bajo todas estas fórmulas legales donde todos los

vecinos "se juntan para hacer y otorgar las cosas cumplideras al concejo", o "se taña a conçejo como es costunbre y ansí todos 

juntos...", no obstante, bajo todos estos formulismos se oculta un poder por parte del señor que es utilizado para mantener su 

posición de dominio sobre sus "vasallos", y era, además, necesaria la aprobación del señor para la elección de cualquier cargo 

representativo en la villa, y los oficiales, nombrados bajo los auspicios del señor, se aprovechaban del poder que les proporcionaba 

su cargo para explotar a los campesinos; así nos encontramos, en Castilla, con "un prototipo peculiar de malhechor, los oficiales 

públicos-malhechores", y el Concejo, con sus oficiales mayores a la cabeza, representantes y defensores teóricos de los vecinos y 

del "bien común" a quien realmente defienden es a quien les ha designado y su principal cometido no es otro que el salvaguardar los

bienes de "su señor".

El Concejo 

Las Ordenanzas, en sus primeros capítulos, se ocupan de la organización y funcionamiento del Concejo que es la institución que 

controla y domina la gran mayoría de las actividades de la villa. El Concejo era, para las aldeas y la época que nos ocupa, la 

institución más destacada.

El grupo de oficiales mayores (alcaldes ordinarios, regidores y procurador o mayordomo), constituyen el núcleo fundamental del 

Concejo y son, por otro lado, los que representan el poder y los intereses del señor de la Comunidad y Tierra de Coca en el pueblo; 

además de ser los que toman las decisiones para el gobierno y administración de la villa. También son los encargados de elegir a los

oficiales menores y a otros oficiales. Este segundo grupo de oficiales son los ejecutores de las decisiones tomadas por los oficiales 

mayores.

El Concejo se nombraba o renovaba todos los años "a canpana tañida" o "a canpana repicada" la víspera de Año Nuevo. En esta 

fecha se elegían, anualmente, los alcaldes y regidores junto con los demás oficiales del Concejo, que, en las localidades pequeñas, 

sus atribuciones abarcaban a todos los campos, administración municipal y gestión de los bienes públicos, además de representar y 

defender los intereses comunitarios. Los vecinos tenían todos la obligación de asistir al Concejo.

Los Alcaldes Ordinarios

Los alcaldes ordinarios eran los encargados de administrar la justicia y resolver cualquier litigio entre los vecinos, renovados 

anualmente para que resolvieran cualquier pleito entre los vecinos. Pero sus atribuciones, y más en las localidades pequeñas, se 

extendían a todos los campos de la vida diaria: administración municipal, gestión de bienes públicos, además de representar y 

defender los intereses comunitarios. Desconocemos, hasta qué punto interferiría el señor de la villa, en el nombramiento de alcaldes 

y regidores, para su control del Concejo municipal.

Los alcaldes, al igual que el resto de los cargos electos entre los oficiales mayores, aunque su periodo de gobierno no se podía 

extender por más de una año, sin embargo los sistemas rotativos, de acalde a regidor de regidor a mayordomo, etc, que establecían 

entre ellos hacía que la administración y gobierno municipal estuviera siempre en manos de unos pocos vecinos, que en 

representación del poder del señor, gobernaban la villa.

Los Regidores

Los regidores de la localidad componían, junto con los alcaldes ordinarios, el grupo que gobernaba y regía la villa; su elección se 

realizaba entre el grupo de hidalgos y labradores:

Se les exige imparcialidad con los vecinos y asegurarse de que las personas que fueren nombradas para los cargos lo sean a gusto 

del Concejo. Su cargo les impedía desempeñar otro oficio de los del Concejo, con los que se les consideraba incompatibles. Entre 

las funciones de los regidores estaban las de participar en diversas tareas que atañían al gobierno municipal como ejecutar las 

penas del Concejo que marcan las Ordenanzas o imponer las que ellos considerasen adecuadas según la infracción: sancionar los 

insultos, pregonar los oficios: responsabilizarse del buen funcionamiento de los establecimiento públicos para el abastecimiento de la

villa, controlar pesas y medidas para evitar cualquier tipo de engaño o fraude. Por su parte, los vecinos tienen que ser respetuosos y 

tratar con cortesía a los regidores, los cuales no pueden ser injuriados o insultados. Junto a los alcaldes ordinarios y los regidores 

era elegido cada año mayordomo o procurador, responsable de la administración y gestión de los bienes del Concejo; bajo su tutela 

recaía el control de los ingresos y gastos, que iba anotando detalladamente en los Libros de Cuentas Municipales.

Los Oficiales menores

Además de los oficiales mayores enumerados, el Concejo lo formaban el grupo de oficiales menores, personas que debían ser 

vecinos de la localidad para poder ejercer el cargo; estos oficiales eran los encargados de realizar los trabajos u oficios señalados 

por alcaldes y regidores.

El grupo lo integraban, el escribano público entre cuyas misiones tenía encomendadas las de redactar los padrones, tercias y todo 

tipo de impuestos, tanto del Concejo como del señorío; también era el responsable de llevar los pleitos municipales, además de la 

redacción de una gran variedad de documentos, actas municipales, sentencias, testamentos, cartas de compraventa, siendo en la 

redacción de estos documentos donde estaba su fuente de ingresos pues no recibía del Concejo ningún tipo de salario.

Guardas y viñaderos son algunos de los oficiales menores que el Concejo nombraba para vigilar el término municipal, velar por las 

tierras y dar cuenta al Concejo de los daños que personas o animales podían causar en el Concejo, para motivar a guardas y 

viñaderos en su trabajo, les compensaba con una parte de la sanción impuesta por las diversas infracciones a las Ordenanzas 

municipales en que eran sorprendidos tanto las personas como los animales.

Cada guarda recibía una parte proporcional de las cosechas que se obtenían cada temporada en los campos que vigilaban, Aparte 

de los oficios menores del Concejo ya indicados, estaban el pregonero, su ocupación consistía en pregonar públicamente los 

acuerdos del Concejo, el porquerizo...

La financiación económica de la hacienda concejil se apoya y gira en torno a una serie de ingresos y gastos; los ingresos proceden 

de las rentas anuales denominadas «rentas de propios», como son las renta de los prados comunales, de los establecimientos 

públicos (carnicería, taberna, mesón, etc.), del peso (por cualquier producto que se comprara o vendiera), la sisa (por el consumo de

carne y pescado):

Una segunda fuente de ingresos es la procedente de las multas que el Concejo impone a los vecinos, entre estas sanciones estarían

las impuestas por dañar los bienes comunales o las heredades de cualquier vecino; o las que se obtenían de las penas sobre los 

ganaderos o pastores por los daños causados en los cereales, pinares, viñedos.... Los gastos del Concejo eran, fundamentalmente, 

los derivados de las retribuciones de los oficiales, pleitos concejiles y obras municipales.

El marco económico: actividades agrícolas y ganaderas 

El crecimiento castellano en los siglos XV y XVI, hay que buscarlo en el medio rural y en la explotación de la tierra; "la situación de 

partida, a principios del Cuatrocientos, es un medio rural escasamente poblado. Y, en Castilla en general y especialmente en estas 

tierras, la densidad demográfica era baja por entonces no ya por los estragos de la crisis del XIV, sino sobre todo porque desde el 

inicio del proceso de reconquista y repoblación no se había dado una intensa colonización del territorio".

Es a lo largo de los siglos XV y XVI cuando se labran las tierras cultivables del territorio castellano y, por supuesto, las de estas 

tierras. En este contexto es en el que debemos situar la redacción de las Ordenanzas y las formas de vida que en ellas se detallan. 

En estos dos siglos asistimos a una amplia expansión en el cultivo de las tierras y, en consecuencia, al aumento de la producción 

agrícola: cereales, vino y materias primas como el lino. 

El paisaje agrario dominante en la localidad está integrado por unos cultivos de subsistencia donde los cereales y la vid constituyen 

la base elemental de la producción. La mayor parte del terreno labrado lo forman los campos de cereal, a los que las Ordenanzas se

refieren como «panes o tierras de pan». Entre los cereales destaca el trigo, pues era el cereal panificable más apetecible y destinado

a la alimentación humana, por encima de la cebada, el centeno o la avena, que se emplean como alimentos para los animales, ya 

sean los de labor o las aves de corral.

Las heredades que integran este paisaje agrario se "labran o se granjean" y el las tierras de pan llevar se cultiva "pan, trigo, ceuada,

centeno y auena". Para que los sembrados no sufran daños y se puedan lograr buenas cosechas se prohíbe:

 

La entrada a cualquier vecino.

 

Pisar los sembrados.

 

Ir de caza por las tierras cultivadas.

 

Entrar a coger mielgas o cardos.

 

O espigar hasta que se saquen los panes.

También se protegen sembrados y viñedos de cualquier daño que pueda ser producido por el ganado.

Para sus labores los campesinos se sirven de "bestias y bueyes del harada  " mulas o bueyes o otro qualquier bestiage".

Además, el Concejo, cuenta con la vigilancia de guardas y viñaderos que dan cuentan de todos los daños que se producen en 

campos de cereal y viñedos. 

Los prados comunales ocupan otra parte de la tierra y se utilizan para la alimentación del ganado local, su aprovechamiento, su uso 

y su riego, estaba regulado por el Concejo, pues de estos pastos obtenía una importante renta anual.

Los viñedos 

Junto con las «tierras de pan», las viñas constituyen el cultivo dominante en el paisaje agrario de Castilla. La importancia del viñedo 

queda perfectamente reflejada cuando el Concejo insiste repetidamente en las medidas proteccionistas de los viñedos y regula todas

las faenas agrarias relacionadas con el cultivo y trabajo de las viñas. Las viñas se encontraban dispersas por todo el término, 

aunque la tendencia dominante era la de agruparlas en las zonas donde los suelos eran más pobres.

Queda patente la importancia del viñedo, son abundantes las alusiones a viñas y majuelos, la mayoría de los vecinos son dueños de 

viñedos y la cosecha se destinaba al consumo doméstico. Las medidas proteccionistas del Concejo impedían que se introdujeran 

vinos foráneos o mosto en la villa siempre que quedase vino propio por vender.

En los días previos a la vendimia el Concejo tomaba numerosas medidas, todas ellas encaminadas a la protección de la uva que 

poco a poco iba madurando y se aproximaba el día de la recolección del preciado fruto, estas medidas, en su mayor parte de 

carácter prohibitivo, se extendían tanto a las personas como a los animales.

El Concejo era también el que señalaba las fechas tanto de la vendimia como de la rebusca.

Junto a estas medidas se toman otras de carácter proteccionista.

• Se protegen sus vástagos y barbudas.

• Se prohíbe a los vecinos comer tallos cuando están brotando ó gavillas ó leña.

Huertos, linares y cañamares

En las tierras más frescas se cultivaba el lino, cáñamo y los productos hortícolas. Los linares y cañamares se localizaban en la vega 

del río y en las proximidades del pueblo se encuentran los huertos. Son tierras que ocupan bastante menos extensión dentro del 

espacio agrario que el terrazgo cerealístico y vitícola, pero que complementaban la economía familiar campesina. El paisaje hortícola

está integrado por pequeñas huertas, en muchos casos cercadas, que se localizan en zonas de regadío en las proximidades de la 

población y situadas a orillas de arroyos, acequias o pozas que permitieran regarlas; en pequeñas aldeas como Santiuste, cada 

familia contaría con su propio huerto. En los huertos se cultivaban hortalizas y legumbres.

Las hortalizas más cultivadas son las cebollas, ajos, puerros, lechugas, zanahorias, berzas, acelgas y nabos. En los huertos también

se recogen legumbres como los garbanzos, las habas, arbejas y lentejas.

Al paisaje hortícola hay que añadir las distintas variedades de árboles frutales, especialmente perales, ciruelos, guindales, higueras, 

nogales, manzanos, que se encuentran diseminados por las zonas húmedas cercanas al pueblo.

Estos huertos, como se ha indicado se encontraban cercanos a la villa, donde se aprovechaba el agua de pozos y manantiales para 

su riego. El conjunto de medidas proteccionistas tomadas por el Concejo pone de manifiesto la importancia que tenían los huertos y 

sus cultivos para los vecinos de la aldea; en los huertos se obtenían parte de los alimentos básicos para cubrir las necesidades 

domésticas, productos que completaban la reducida dieta alimenticia; las Ordenanzas concejiles prohibían la entrada a los huertos a

toda persona ajena a la propiedad y obligaban a mantenerlos cercados.

Las Ordenanzas también regulan todo lo referente al riego, tanto de huertos, como de linares y cañamares.

En las riberas de los ríos de castilla, también, nos encontramos molinos diseminado que forma parte de este paisaje rural y 

campesino.

Otro de los rasgos que configura el paisaje agrario es el que constituyen los árboles. Entre el arbolado se distinguen los frutales, que

los encontramos en huertos y viñas, y con un valor menor los árboles de zonas húmedas y riberas, entre los que destacan los olmos,

salces y álamos. 

El monte estaba poblado mayoritariamente por pinos, también por encinas y robles, sobre todo, y otras especies arbustivas. El 

Concejo regula todo lo referente al monte y muestra una gran preocupación por este tema debido a la importancia económica que 

tiene en la época. En los montes pastaba el ganado, se obtenía la leña que era necesaria tanto para la construcción de edificios 

como fuente de energía en las cocinas hogareñas, además del aprovechamiento de la caza.

La Ganadería:

La ganadería constituye en esta época un complemento a la agricultura. El ganado se utiliza para el trabajo en el campo, para el 

transporte y para la alimentación, proporcionando carne, leche, queso, huevos, etc. La cabaña ganadera de la localidad está 

compuesta por el ganado mayor (mulas, bueyes, vacas, yeguas y asnos) y el ganado menor:«los puercos cabras y cabrones y 

carneros y obexas», a ellos hay que añadir las aves de corral.

El Concejo, a través de los oficiales mayores, era el encarado de llevar el control de la ganadería local, en las Ordenanzas se 

legislan las actividades pastoriles de la villa y se ve claramente como el Concejo lo que buscaba era proteger los cultivos de los 

desmanes de ganados y pastores a la vez que se regulaba la utilización de los bienes comunales: prados, praderas, etc.

La mula es el animal utilizado en las labores agrícolas y de transporte, tanto por caminos como a lomos. Entre el ganado menor la 

cabaña porcina es esencial en la economía de subsistencia de los campesinos, sin embargo son las ovejas las más abundantes; de 

ellas los campesinos obtienen leche, carne y lana; el mismo aprovechamiento se obtiene del ganado cabrío. Las aves de corral 

estaban destinadas a la alimentación familiar y se solían comer en celebraciones especiales (fiestas locales, bodas, etc).

Estas Ordenanzas municipales dedican bastantes de sus capítulos a legislar todos los aspectos referentes al sector pecuario, se 

protege, del ganado, los cultivos, los barbechos, se acotan las cañadas, se vedan montes y senderos, se señalan los periodos 

hábiles para el aprovechamiento de los pastos y rastrojos y se precisa el número de cabezas que podía tener cada rebaño y vecino. 

Debido al crecimiento de la ganadería en el siglo XVI las Ordenanzas dedican gran parte de sus capítulos a prohibir y limitar, en lo 

posible, la entrada de los ganados, rebaños de ovejas fundamentalmente, en los cultivos, de aquí que gran parte de las decisiones 

tomadas por el Concejo y recogidas en las Ordenanzas vayan encaminadas a prohibir a rebaños y ganados:

- Atravesar por tierras sembradas o barbechos.

- Que el ganado mayor durmiera fuera.

- Entrar en los panes hasta que se saque el pan.

- Entrar en los prados acotados.

- Pastar en los huertos.

- Entrar en las alamedas.

- Dormir fuera durante la noche.

Los vecinos 

La población de la localidad estaba integrada en un grupo minoritario, nobleza, y otro mayoritario, el campesinado. Las relaciones 

sociales en la villa tienen, por tanto, lugar entre una clase privilegiada, representada por los hidalgos y los clérigos, que ostentan el 

poder y en consecuencia el control económico de la localidad mediante la apropiación de la tierra y de los productos que de ella se 

obtienen, y los campesinos, que son la mayoría de los vecinos de la villa y "se distinguen netamente de los anteriores por su 

carencia de privilegios; son la masa pechera por excelencia y sobre la que recae la mayor parte de los impuestos y contribuciones 

vigentes, aunque algunos ni siquiera cuenten con suficientes recursos como para poder afrontar las distintas cargas impositivas que 

se suceden a lo largo del año". No estamos, por tanto, ante un grupo homogéneo, sino que a lo largo de la edad media pequeños 

grupos de nobles (hidalgos) o campesinos enriquecidos se han ido adueñando de los oficios concejiles y se ha ido estableciendo 

una separación social cada vez mayor, estamos ante yugueros, jornaleros, porquerizos, parraleros, hortelanos, etc., que constituyen

los escalones más bajos en el estamento social y que trabajan todos ellos permanente, e incluso, temporalmente como obreros.

La vida cotidiana en una aldea como Santiuste de la Castilla de los siglos XV-XVI se ajustaba a unas normas que, emanan 

directamente del Concejo, al que de poco le serviría promulgar Ordenanzas si, al mismo tiempo, no dispusiera de los medios 

pertinentes para hacerlas cumplir. El Concejo, a través de sus Ordenanzas, no solamente regula las actividades agrícola-ganaderas 

sino que es el garante de la convivencia social entre los vecinos. Lo que podríamos denominar como «la vida cotidiana» está 

configurada por distintos aspectos, uno de los más importantes es el de cubrir las necesidades diarias relativas a la alimentación, el 

vestido y la vivienda. Los principales alimentos que se consumen son el pan, que constituye la base fundamental de la alimentación 

diaria; el vino, presente en todas las comidas; las carnes, de vaca, oveja, cabrito, cerdo, aves de corral y caza; las hortalizas, 

legumbres, verduras, frutas y algo de pescado.

Los vecinos también tienen, por su parte, la obligación de realizar aquellos trabajos que se les ordenen por los regidores.

Son de destacar las disposiciones de las Ordenanzas dirigidas a aquellas obligaciones colectivas que afectan a la necesidad de 

mantener limpias las fuentes o revisar ríos y arroyos para comprobar cuáles deben ser mondados por todos los vecinos para que 

discurran las aguas por su curso y no causen desastres en las propiedades vecinales:

El Concejo vela, igualmente, por las condiciones de salubridad e higiene en la villa, prohibiendo cualquier actividad que perjudicara o 

molestara a los vecinos como arrojar o amontonar basuras en las calles.

Se preocupa, también, porque las fuentes se mantengan limpias de suciedades.

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